«Estrés y ansiedad están relacionados, pero no son sinónimos» – Entrevista a Esther Berrocoso

por | MenteScopia | 0 Comentarios

Desde el laboratorio también se investiga cómo nos afecta la ansiedad y el estrés. Entrevistamos a Esther Berrocoso, doctora en Farmacia por la Universida de Cádiz, para conocer los entresijos del mundo de la investigación a estas reacciones tan frecuentes en la sociedad actual. Berrocoso dirige un grupo dedicado a la Neuropsicofarmacología y Psicobiología y es investigadora principal en el CIBER de Salud Mental (CIBERSAM).

Detectando la ansiedad y el estrés

 

Los términos estrés y ansiedad suelen confundirse en el lenguaje coloquial. ¿Significan lo mismo?

El estrés y la ansiedad están muy relacionados, pero no son absoluto sinónimos.

¿Cómo definirías el estrés?

El estrés es una reacción física y emocional que nuestro organismo pone en marcha ante una situación amenazante real o percibida, interior o exterior. Así, se produce una activación automática de nuestro organismo tanto física como psicológica para responder adecuadamente ante un peligro externo o una demanda interna. Sin embargo, cuando la situación estresante, o percibida como tal, se mantiene en el tiempo o es extremadamente intensa puede ser el origen de trastornos de diversa índole como son los trastornos de ansiedad, depresión o estrés post-traumático.

¿En qué se diferencia de la ansiedad?

Las reacciones fisiológicas más típicas suponen la activación del eje hipofisosuprarrenal y del sistema nervioso vegetativo que incluirían aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, relajación de los esfínteres….. Además de estas respuestas fisiológicas, se producen de manera concomitante una respuesta emocional. Por ejemplo, cuando veo un perro agresivo, se van a producir esos cambios fisiológicos anteriormente comentados y voy a sentir miedo. Así el miedo, es la respuesta emocional a una amenaza real o inminente. Sin embargo, hablamos de ansiedad cuando el estado emocional que puede sentir una persona cuando sabe que la próxima semana irá a ver un amigo que tiene un perro peligroso. Así en el concepto de ansiedad la anticipación de lo que va a suceder es muy importante.

¿Cuándo se considera la ansiedad un trastorno?

Cuando afecta al adecuado desarrollo de la vida del sujeto. Es decir, cuando interfiere en el desarrollo normal de nuestro día a día

¿Qué tipo de hábitos recomendarías para evitar el desarrollo de episodios de ansiedad y estrés?

Los estudios en el laboratorio nos demuestran cada vez con mayor precisión que la conexión que establecemos con nuestro entorno y nosotros mismos pueden ejercer de factores protectores. Siendo estos los que tenemos en mente de manera tradicional: alimentación saludable (dieta mediterránea), ejercicio, organización y priorización de las tareas y actividades, afrontamiento positivo…

 

«Existen muchos datos que indican que eventos estresantes durante la infancia y adolescencia tienen un impacto relevante en la salud mental en la edad adulta»

 

El estrés y la ansiedad en nuestro cuerpo

 

¿Existen bases biológicas para explicar o comprender mejor la ansiedad y el estrés?

Por supuesto. Décadas de investigación sobre estrés y ansiedad lo demuestran.

¿Cómo afecta la ansiedad a nuestro cerebro en la etapa adolescente?

El neurodesarrollo es un proceso por el que nuestro sistema nervioso se crea y se organiza. Este proceso tan complejo no termina cuando nacemos, sino que lo hace en las últimas etapas de la adolescencia o adultez temprana. Es decir, durante la infancia y adolescencia nuestro cerebro está aun desarrollándose, nuestras conexiones neuronales y nuestras células gliales van a ser extremadamente sensibles y plásticas y, por tanto, vamos a ser muy sensible a todos los cambios que se experimenten a nuestro alrededor. Por otro lado, existen muchos datos que indican que eventos estresantes durante la infancia y adolescencia tienen un impacto relevante en la salud mental en la edad adulta.

¿Qué significa el concepto de resiliencia?

A grandes rasgos es la capacidad para adaptarse y superar situaciones adveras. Desde un punto de vista biológico tenemos que tener en consideración que nuestro cerebro es un órgano vivo y que está en constante cambio para adaptarse y responder adecuadamente a las demandas del entorno. Si nuestro cerebro siempre es plástico, el de los jóvenes lo es tremendamente más, más adaptable tanto en sentido positivo como negativo.

¿Qué ocurre en el cerebro para conseguir ser «resilientes»? 

En la resiliencia hay una serie de adaptaciones específicas a nivel a nivel central y periférico que favorecen la asimilación y superación de esa situación adversa. A nivel central, es decir de nuestro cerebro, se han descrito cambios en la función o morfología de diversas áreas cerebrales tales como la corteza prefrontal, hipocampo, locus ceruleus, área tegmental ventral y núcleo accumbens entre otras. Es decir, la resiliencia conlleva cambios específicos en nuestro cerebro.

¿Se involucran otros aspectos de nuestro cuerpo?

También se han descrito cambios a nivel periférico involucrando al sistema inmune e incluso a la conexión que existe entre la microbiota-intestino y cerebro. Es decir, actualmente sabemos que la microbiota (microorganismos del aparato digestivo) tiene un impacto en nuestro afrontamiento del estrés y que determinados microorganismos están diferencialmente presentes en los individuos vulnerables y en los resilientes. En este sentido, se proponen aproximaciones específicas para modificar el porcentaje de estos microorganismos y favorecer la resiliencia. En definitiva, la plasticidad que tiene nuestro cerebro y nuestro cuerpo en general nos permitirá realizar un afrontamiento exitoso ante el estrés.

 

«Hay evidencias de que el sexo condiciona la respuesta ante el estrés»

 

Investigando el estrés y la ansiedad en el laboratorio

 

¿Qué estudiáis en vuestro grupo de investigación?

Una de las líneas de trabajo de nuestro grupo de investigación se centra en estudiar cómo sufrir dolor puede ser el desencadenante de un trastorno de ansiedad. El dolor es por sí mismo causante de un gran estrés, especialmente cuando se cronifica, por tanto es un factor de riesgo para sufrir una patología mental. Así los datos epidemiológicos muestran la gran prevalencia entre dolor y síntomas de ansiedad. Sin embargo, aun se desconocen cuales son los mecanismos biológicos desencadénate de esta comorbilidad, es decir, del círculo vicioso que se crea entre dolor y ansiedad.

¿Qué tipo de experimentos lleváis a cabo?

En nuestro laboratorio se llevan a cabo experimentos que tratan de establecer cuales son los circuitos neuronales que se alteran en condiciones de ansiedad patológica. Es decir, para que esto suceda se activan o inhiben específicamente unos circuitos neuronales que no ocurre en la situación normal. Mediante técnicas de optogenética y farmacogenética estudiamos esos circuitos e intentamos identificar posibles dianas terapéuticas. Nuestras últimas investigaciones demuestran que en el caso de la comorbilidad de dolor crónico y ansiedad existe una hiperactivación de las neuronas noradrenérgicas del locus coeruleus que proyectan a la amígdala basolateral. Esta hiperactivación está involucrada en ese aumento de la ansiedad así como de los procesos de memoria y aprendizaje sobre eventos aversivos. Asimismo, la administración de un fármaco bloqueante de los receptores beta-adrenérgicos, como propanolol, fue capaz de normalizar estos comportamientos.

En tu trabajo de laboratorio estudiáis respuestas ante el estrés entre sexos. ¿Qué diferencias existen?

Existen evidencias de que el sexo condiciona la respuesta ante el estrés. Así diversos estudios en roedores muestran que las hembras presentan menos ansiedad ante un evento estresante agudo, es decir, puntual. Sin embargo, cuando la situación estresante se prolonga en el tiempo parece que los roles se invierten y las hembras (y, por supuesto, las mujeres) padecen de manera más severa las consecuencias derivadas del estrés crónico. Esto se evidencia de manera muy clara en aquellas mujeres que sufren dolor, ya que tienen mayor predisposición a que este se haga crónico y a que se asocie a un trastorno de ansiedad o depresión. En nuestro laboratorio estamos investigando si esto se debe a alteraciones específicas dependientes del sexo a nivel del locus coeruleus. El locus coeruleus es un área en el tronco del encéfalo que regula la liberación del neurotransmisor noradrenalina, entre otros, en el resto del cerebro y la médula espinal y está muy implicado en el control del estrés, atención y dolor entre otros. Este tipo de investigaciones se orientan hacia la medicina personalizada.

¿Cómo ha cambiado la investigación en tu área desde que comenzaste tu actividad investigadora? ¿Hacia dónde se dirige el futuro de la investigación en este área?

La mejora en las aproximaciones metodológicas, es decir, en las herramientas con las que actualmente estamos trabajando son la clave del avance en el conocimiento del funcionamiento del cerebro. Actualmente en los laboratorios de investigación básica se han desarrollado técnicas para activar e inhibir circuitos neuronales específicos de manera aguda o crónica y conocer su relevancia en el comportamiento. Es posible evaluar la funcionalidad de neuronas específicas en distintas áreas cerebrales o la actividad global de grandes áreas cerebrales. Creo que podemos contestar a preguntas que antes no podíamos ni plantearnos. La integración de estos niveles de información nos deben ayudar a conocer mejor como los circuitos cerebrales se comportan en condiciones fisiológicas (ansiedad) y patológicas (trastorno de ansiedad).

MenteScopia un proyecto multimedia para divulgar información sobre enfermedades mentales y su prevención. Una apuesta por la educación en salud mental dirigida a la población adolescente y que conciencie a pacientes, familias y otros sectores sociales.

Una iniciativa organizada por PsyNal (Grupo de Psiquiatría Traslacional) y CIBERSAM (Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental) con la colaboración de FECYT – Ministerio de Ciencia e Innovación.

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